miércoles, 5 de agosto de 2009

AMOR TU CASA

AMO TU CASA
 
 
Jehová, la habitación de tu casa he amado, y el lugar de la morada de tu gloria. Sal. 26:8.
 
Andando por las calles, estando en los aeropuertos o viajando por ahí, me encuentro con frecuencia personas que dicen: "Yo amo a Jesús, me considero un cristiano, pero no gusto de la religión, no pertenezco a ninguna iglesia".

Esa manera de pensar parece ser hoy "políticamente correcta". Hay personas sinceras que creen que la iglesia no es necesaria, que lo que realmente importa es "estar bien con Jesús", pero el texto de hoy afirma que Dios tiene una casa donde su gloria se revela, y ese lugar de habitación es la iglesia.

¿Esto quiere decir que Dios necesita tener una casa para habitar? ¡Claro que no! Cuando salomón inauguró el templo de Israel, oró diciendo: "¿Es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿Cuánto menos esta casa que yo he edificado? (1 Rey. 8:27).

No, el templo no es construido por causa de Dios, ni la iglesia existe por que Dios necesite seres humanos que lo adoren. Es todo lo contrario. El ser humano necesita una iglesia y un templo.
Cuando Israel viajaba por el desierto, Dios le ordenó: "Harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos" (Exo. 25:8).
La construcción del templo fue la respuesta divina a la carencia humana. Dios no necesita habitar en nuestro medio. Somos nosotros los que necesitamos tenerlo a nuestro lado.

"sí –puedes decir-, pero para eso no necesitamos iglesia alguna". Sí, se necesita. Tú eres un brasa que, fuera del brasero, está condenada a apagarse y transformarse en ceniza. Es propio de la naturaleza humana. Nadie puede ser una isla y vivir por sí solo. Unos precisan de los otros y todos necesitamos de Dios. La iglesia es el lugar, a pesar de los seres humanos débiles y defectuosos, donde la gloria de Dios se revela y donde la presencia de Dios se hace sentir, conservando la experiencia espiritual viva.

Si la Biblia es el mapa que conduce a una vida feliz, y si los consejos divinos nunca fallan, ¿Por qué este consejo no serviría? Por eso, hoy, antes de comenzar las actividades de tu día, di con David: "Jehová, la habitación de tu casa he amado, y el lugar de la morada de tu gloria".                             porcielo

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